RETIRO DE EXPLORACIÓN PSICOCORPORAL
A TRAVÉS DE LA DANZA
Órgiva · Andalusia
El movimiento revela aquello que las palabras no siempre alcanzan a expresar.
A través del movimiento, la danza y el acompañamiento terapéutico, esta retirada invita a explorar lo que el cuerpo revela de nuestra historia, nuestras emociones y nuestra manera de relacionarnos.
Origen
Nos conocimos en Órgiva, en el sur de España, en plena Alpujarra andaluza. Salomé es profesora de danza clásica y Agnès es psicoterapeuta. Muy pronto descubrimos que compartíamos una misma sensibilidad hacia la comprensión del ser humano y una visión cercana de lo que favorece su desarrollo: la importancia del vínculo, de la presencia, de la conciencia de uno mismo, de la benevolencia y de la calidad de la relación con los demás.
También compartimos una atención particular hacia los comportamientos humanos, las dinámicas relacionales y los mecanismos, a menudo inconscientes, que influyen en nuestras decisiones, nuestras emociones y nuestra manera de estar en el mundo.
Esta visión común, nacida de nuestras prácticas profesionales respectivas, fue tomando forma también en nuestra amistad. Desde esa relación de confianza, desde una cercanía real —personal y profesional a la vez— y desde el diálogo constante entre nuestros dos enfoques, surgió la idea de este retiro.
Cuando Agnès empezó a asistir a las clases de danza de Salomé, comprendió rápidamente que su manera de enseñar iba mucho más allá de una simple transmisión técnica. Sus clases se apoyan en un trabajo corporal exigente: barra al suelo, trabajo en la barra, movilidad, coordinación, movimiento y danza. Pero integran también una dimensión más profunda, vinculada a la expresión emocional, a la relación con el cuerpo, a la capacidad de sentir, expresar o contener ciertas emociones, y a las reacciones que aparecen ante el esfuerzo, la dificultad o la mirada de los demás.
A lo largo del trabajo, algunas tendencias se hacen especialmente visibles: el perfeccionismo, la necesidad de control, el miedo al error, la autocrítica, la dificultad para soltar, la comparación, la frustración o la dificultad para identificar y expresar determinadas emociones. Los ejercicios permiten también observar cómo se relaciona cada persona con su mundo emocional: si las emociones pueden expresarse libremente, si se controlan, se evitan, se amplifican o si resultan difíciles de reconocer.
Al final de cada clase, Salomé propone sistematicamente un tiempo de intercambio sobre la experiencia vivida. Fue a partir de esos momentos compartidos cuando empezó a nacer nuestra reflexión común.
Nos dimos cuenta de que las reacciones que aparecían en el movimiento rara vez estaban vinculadas únicamente al ejercicio propuesto. A menudo parecían remitir a mecanismos mucho más antiguos. Desde los primeros años de vida, y muchas veces antes incluso de tener palabras para comprender lo que vivimos, desarrollamos estrategias para adaptarnos a nuestro entorno, recibir la atención que necesitamos, preservar el vínculo con las personas de las que dependemos y protegernos frente a experiencias difíciles. Aprendemos a hacer frente al miedo, al rechazo, a la inseguridad o a la imprevisibilidad. También incorporamos creencias familiares, formas de comunicarnos, reglas implícitas, roles y maneras de ver el mundo que, con el tiempo, llegan a parecernos naturales.
Estos mecanismos no se expresan solamente en nuestros pensamientos, en nuestros comportamientos o en nuestras relaciones. También se inscriben en el cuerpo.
En este sentido, el movimiento actúa como un revelador. Cuando el cuerpo está suficientemente implicado, ciertas reacciones habituales se vuelven más visibles. El trabajo corporal permite observar de forma directa mecanismos que muchas veces pasan desapercibidos en la vida cotidiana. El trabajo terapéutico permite después darles sentido, comprender su origen, su función y sus consecuencias en el presente.
Este retiro nace del encuentro entre estos dos enfoques. Nuestra intención no es eliminar los mecanismos que cada persona ha desarrollado a lo largo de su historia, sino aprender a reconocerlos, comprender para qué sirvieron y observar si siguen siendo adecuados para la vida actual. Buscamos distinguir aquello que pertenece a la adaptación de aquello que expresa algo más profundo de nosotros mismos.
Creemos que cuando un mecanismo se vuelve consciente, deja poco a poco de actuar de manera completamente automática. Entonces se abre la posibilidad de vivir con más libertad, más elección y más responsabilidad en nuestra forma de sentir, de actuar y de relacionarnos con el mundo.
EL RETIRO
El retiro está concebido como un proceso progresivo. No se trata de una serie de ejercicios aislados, sino de una progresión pensada a lo largo de toda la semana, de cada día y de cada espacio de trabajo. El objetivo general es acompañar a las participantes en la identificación de ciertos mecanismos corporales, emocionales y psicológicos que influyen en su manera de estar, moverse, sentir y relacionarse.
El punto de partida es el cuerpo. El trabajo comienza con una implicación física estructurada: barra al suelo, trabajo en la barra, movilidad, coordinación, ritmo y danza. El objetivo no es la búsqueda de una ejecucion técnica, sino movilizar el cuerpo durante el tiempo suficiente para que los mecanismos habituales de control, compensación o protección empiecen a hacerse más perceptibles. Cuando el cuerpo se compromete y aparece la fatiga física, la actividad mental dominante puede aflojar. El cuerpo se vuelve entonces más disponible, menos controlado, y algunos elementos que suelen permanecer ocultos pueden empezar a emerger.
A partir de ese estado de implicación corporal, proponemos ejercicios centrados en la relación con el cuerpo, la expresión emocional, la relación con el movimiento, la capacidad de sentir, expresar o contener determinadas emociones, así como en las reacciones ante el esfuerzo, la dificultad, el fracaso, la mirada de los demás o la pérdida de control. Estos ejercicios permiten observar dónde aparecen bloqueos, resistencias, tensiones, disonancias, miedos, automatismos o dificultades de expresión.
Nuestro papel consiste en acompañar esa observación. Desde nuestras experiencias respectivas en la danza y la psicoterapia, ayudamos a las participantes a reconocer lo que se manifiesta en el cuerpo y en el movimiento: zonas de retención, momentos de ruptura entre la intención y el gesto, dificultad para soltar, mecanismos de control, reacciones emocionales, evitaciones, inhibiciones o patrones repetitivos. En un primer momento, se trata simplemente de ver con precisión lo que ocurre, sin intentar interpretarlo de inmediato.
Una vez identificados estos elementos, se abre un espacio de palabra para poder nombrarlos y expresarlos. El grupo ocupa aquí un lugar fundamental. Permite que cada persona no se quede sola ante lo que descubre, que pueda escuchar otras experiencias, reconocer mecanismos similares en los demás y beneficiarse de un efecto espejo. También permite observar cómo ciertos patrones relacionales aparecen: la necesidad de compararse, el miedo al juicio, la dificultad para ocupar el propio lugar, la tendencia a callarse, justificarse, cuidar de los demás o retirarse. El grupo se convierte así en un espacio de observación de dinámicas vinculares, además de un espacio de apoyo.
A partir de lo que ha sido expresado, el trabajo terapéutico busca comprender el origen, la función y el lugar actual de estos mecanismos. Exploramos qué protegieron, qué han permitido, en qué momento pudieron construirse, qué creencias los sostienen, qué emociones fueron reprimidas o evitadas, y cómo siguen influyendo hoy en el cuerpo, las relaciones, las elecciones y la manera de habitar la propia vida. El objetivo no es juzgar estos mecanismos, sino comprender por qué existieron y si todavía siguen siendo necesarios o adecuados.
Cuando ciertos bloqueos, patrones o mecanismos son reconocidos y comprendidos, se vuelve posible observar con más claridad el lugar que ocupan en la vida de cada persona. Buscamos entonces ver cómo se manifiestan concretamente: en el cuerpo, en la postura, en la respiración, en las relaciones, en la manera de tomar decisiones, de responder a una dificultad, de vivir una emoción o de protegerse.
Si la persona se siente preparada, el trabajo puede avanzar hacia una confrontación suave y progresiva con aquello que ha sido identificado: un miedo, una creencia, una inhibición, una rabia, una tristeza, una dificultad para ocupar su lugar o para expresar algo. Esta etapa se realiza sin forzar, respetando el ritmo de cada una, con el apoyo del grupo, del marco y del acompañamiento terapéutico.
El regreso al cuerpo es una etapa esencial. Después de observar, expresar y comprender, volvemos al movimiento, al estiramiento, a la danza o a ejercicios corporales más integradores. Este retorno permite observar si algo se ha modificado: una tensión, una respiración, una postura, una disponibilidad al movimiento, una capacidad para ocupar el espacio, expresar una emoción o entrar en relación con los demás. El cuerpo se convierte entonces en un indicador concreto de aquello que ha sido comprendido, desplazado o que ha empezado a transformarse.
La semana sigue esta misma lógica de progresión. Los primeros tiempos permiten instalar el marco, la confianza y la seguridad necesarias para el trabajo. La intensidad corporal y psicológica aumenta después de forma gradual durante los primeros días, hasta alcanzar un punto de trabajo más profundo hacia la mitad del retiro. Los últimos días están dedicados a la integración, a la elaboración de sentido y a la observación de lo que ha podido cambiar en el cuerpo, en la percepción de una misma y en la comprensión de los propios mecanismos.
Cada día retoma este mismo ritmo. La mañana está principalmente dedicada al trabajo fisico. Después, un tiempo de palabra permite nombrar lo vivido e identificar las emociones, los pensamientos y los mecanismos que han aparecido. Más tarde, un espacio terapéutico más profundo permite vincular estas observaciones con la historia personal, las creencias, los roles, los mecanismos de protección o los patrones relacionales. Finalmente, el regreso al cuerpo, a través del estiramiento, el movimiento o la danza, permite empezar a integrar lo que ha sido observado y comprendido.
El objetivo global del retiro es acompañar un proceso en varias etapas: comprometer el cuerpo, dejar emerger, observar, identificar, expresar, comprender, poner en relación, confrontar cuando sea posible y volver al cuerpo para experimentar e integrar. Este vaivén entre trabajo corporal, observación psicológica, palabra y regreso al movimiento constituye el corazón de nuestra metodología.
Después de esta semana de trabajo, los participantes podrán haber desarrollado una conciencia más fina de sí mismos y de su funcionamiento, y haber abierto un espacio donde algo puede empezar a liberarse.
Información práctica
Órgiva · Alpujarra · Andalucía, España
Lugar
Duración
6 dias
máximo 8 participantes
Grupo
francés · inglés · español · alemán, según las fechas
Idiomas
Precio
900 euros
Includo
trabajo corporal, trabajo terapéutico de grupo, comida del mediodía
Inscripción
contact@lalinearoja.es
alojamiento, transporte, desayunos y cenas
No includo
Nosotros
Salomé es profesora de danza clásica, artista de teatro y performer. Nacida en Berlín, creció entre varias culturas y habla francés, alemán, español e inglés.
Después de formarse en Bellas Artes en Granada, continuó su recorrido artístico en París, especialmente en el Cours Florent. Su trabajo escénico personal combina teatro, danza, presencia corporal, humor y expresión.
Salomé ha viajado y trabajado en distintos contextos artísticos. Fundó una escuela de danza y teatro en Granada, donde enseñó y desarrolló su propio enfoque pedagógico del movimiento. Instalada desde hace varios años en Órgiva, enseña actualmente danza clásica, mientras continúa creando y presentando espectáculos.
Su trabajo no se limita a la transmisión técnica de la danza. Se interesa por la manera en que el cuerpo responde al esfuerzo, al movimiento, a la mirada, a la dificultad y a la expresión emocional. En sus clases, la danza se convierte en una herramienta de observación: permite hacer visibles tensiones, emociones, resistencias, bloqueos o mecanismos de control que no siempre son accesibles a través de la palabra.
Rol en el retiro
Trabajo corporal · barra al suelo · trabajo en la barra · movimiento · expresión · observación del cuerpo
Salomé Sprotte
Agnès Bussière
Agnès es psicoterapeuta. Nacida en París, primero se formó en Derecho y ejerció como abogada antes de orientar su trayectoria hacia la psicoterapia.
Acompaña a personas en procesos individuales y grupales en torno a cuestiones personales, relacionales y existenciales. Su enfoque se centra especialmente en los mecanismos de adaptación, los patrones relacionales, las creencias construidas a lo largo de la historia personal y las consecuencias duraderas de ciertas experiencias traumáticas o emocionalmente significativas.
Instalada en Órgiva desde hace siete años, vive y trabaja entre varias lenguas y culturas. Habla francés, inglés, español y alemán.
Su trabajo busca ayudar a cada persona a comprender mejor los mecanismos que organizan su forma de vivir, sentir y relacionarse. Acompaña la identificación de creencias profundas, roles aprendidos, estrategias de protección y patrones repetitivos que pueden limitar la libertad interior y relacional.
Actualmente prevee desarrollar este trabajo en forma de retiros psicocorporales, convencida de que el cuerpo y el movimiento permiten acceder a dimensiones de la experiencia que no siempre pueden alcanzarse únicamente a través de la palabra.
Rol en el retiro
Espacios de palabra · trabajo terapéutico de grupo · otorgar de sentido · patrones · mecanismos de adaptación · integración
Próximas fechas
2 - 7 de agosto de 2026
20 - 25 de septiembre de 2026
17 - 22 de diciembre de 2026